-No siempre necesitas perder algo para darte cuenta qué tienes...
Dijo él tan tranquilo y mirándola tan profundamente como siempre, como si no hubiera pasado nada, ni siquiera el tiempo.
Su mirada la hacía sentirse desnuda, parecia que penetrara hasta lo más interno de su ser adivinando todos sus pensamientos y sentimientos. Esto era lo que más le gustaba y más odiaba de él desde que lo conoció.
¿Acaso después de todos estos años no me das por perdida? Eso pensaba ella, pero fue incapaz de soltárselo. Él siempre fue el gato que le comió la lengua, frente a él no le salían las palabras, y mucho menos esas, que prefería guardárselas. Así que se limitó a guardar silencio, sonreír para sus adentros y para afuera también, con su típica sonrisa pícara que se escapa para un lado y dejarlo que pensara lo que quisiera.
Ella sabía que nunca más sería lo mismo, intentara él lo que intentara, los tiempos de amor pasaron hace mucho.
Le pegó una larga calada a su cigarrillo, lo apagó en el cenicero sin dejar ni un solo resquicio de fuego y arrugó la colilla como tenía por costumbre. Después bebió el último sorbo de su copa, le dedicó una mirada indescifrable al tiempo que le tiraba un beso y se fué sin decir adiós de aquel bar con el repiqueteo de sus tacones por banda sonora. Banda sonora de una obra que anunciaba un interesante...
Dijo él tan tranquilo y mirándola tan profundamente como siempre, como si no hubiera pasado nada, ni siquiera el tiempo.
Su mirada la hacía sentirse desnuda, parecia que penetrara hasta lo más interno de su ser adivinando todos sus pensamientos y sentimientos. Esto era lo que más le gustaba y más odiaba de él desde que lo conoció.
¿Acaso después de todos estos años no me das por perdida? Eso pensaba ella, pero fue incapaz de soltárselo. Él siempre fue el gato que le comió la lengua, frente a él no le salían las palabras, y mucho menos esas, que prefería guardárselas. Así que se limitó a guardar silencio, sonreír para sus adentros y para afuera también, con su típica sonrisa pícara que se escapa para un lado y dejarlo que pensara lo que quisiera.
Ella sabía que nunca más sería lo mismo, intentara él lo que intentara, los tiempos de amor pasaron hace mucho.
Le pegó una larga calada a su cigarrillo, lo apagó en el cenicero sin dejar ni un solo resquicio de fuego y arrugó la colilla como tenía por costumbre. Después bebió el último sorbo de su copa, le dedicó una mirada indescifrable al tiempo que le tiraba un beso y se fué sin decir adiós de aquel bar con el repiqueteo de sus tacones por banda sonora. Banda sonora de una obra que anunciaba un interesante...



6 asteroides han dejado su cráter:
que bueno. Ese semi-final hollywoodiano me ha encantado. La calada, la mirada y el taconeo.... esperaré con impaciencia su continuación! Besos
http://www.goear.com/listen/6f6c722/que-el-amor-no-admite-cuerdas-reflexiones-(a-la-manera-de-Santa-Fe)-Bunbury---Rub%C3%A9n-Dar%C3%ADo
OH!!!! y ahora me quedo yo esperando que esos tacones vuelvan para continuar cotilleando la historia ;-) Gracias. Abrazos.
no me gusta ya decirte lo bueno que escribes, me recriminas en mi blog, tu calidad.
saludos.
¿Final?
¡Por descontado que se pierden! Aunque uno se lo niegue.
besos
las cosas generalmente no se pierden
se cambian de lugar...
Publicar un comentario en la entrada