martes, 16 de septiembre de 2008

Morir o vivir?

A continuacion os dejo un relato que escribí para un concurso, pero que al final no ganó nada cosa que tampoco me importó mucho porque ademas de que no me terminaba de convencer, lo escribí en un rato el dia antes del dia limite de entrega.



Amanecía y ya llevaba bastante tiempo despierto. Era hora de empezar a trabajar. A media mañana, mientras segaba trigo, escuché el sonido de cascos de caballos acercándose rápidamente por el camino.Al alzar la vista distinguí a lo lejos a algunos caballeros que servían al señor para el que yo labraba su tierra al igual que otros muchos campesinos. Llegaron a mi altura y se pararon junto a mí.

-¿Sois Will Draven?

-Sí, soy yo – contesté.

-Por orden de tu señor, el conde de Oslim, debéis acudir dentro de tres días al castillo, desde donde partiréis junto con los demás para luchar defendiéndolo contra las tropas del marqués de Rodés. Si no aparecéis seréis arrestado y castigado en el patio de armas del castillo ante la muchedumbre que allí acuda.


Tras anunciarme mi futura muerte, se marcharon tan velozmente como llegaron.

Según se rumorea el motivo de esa batalla era que la hija del marques de Rodés se negó a casarse con el hijo de mi señor después de estar prometidos y poco antes de que se celebrase la boda, porque la muchacha decía que no lo amaba y que se negaba a casarse si no era por amor. Esto hirió gravemente el orgullo y el prestigio de la familia Oslim por lo que deseaban venganza.

Así que gracias a esa muchacha ahora me encuentro en primera línea de batalla, temiendo el dolor y el sufrimiento que me espera en esta lucha cuerpo a cuerpo. Y lo que es peor, esperando mi muerte. A nuestra derecha e izquierda hay jinetes armados con espadas, mazas y lanzas. Detrás mas campesinos y caballeros a pie. Y lejos de la batalla y a salvo, el conde de Oslim y su camarilla.



Avanzamos con paso firme y rápido. El ruido de las armaduras y de los cascos de los caballos contrasta con un silencio aterrador. Nubes que avecinan tormenta se van cerrando sobre nuestras cabezas para impedir que el sol vea la sangrienta batalla que se avecina, por lo que poco a poco la luz va disminuyendo.
Ya veo las tropas de Rodés, seguimos avanzando hasta que estamos a unos doscientos metros de distancia de ellas. De pronto el ambiente se vuelve tenso. Silencio. Y tras unos minutos, un grito que desencadena la lucha.

Todos corren hacia delante al igual que yo, a pesar de que el miedo inunda cada centímetro de mi cuerpo.

El ruido del choque de cientos de espadas, los gritos de todos estos hombres jugándose y perdiendo la vida y el olor a sangre que impregna el ambiente hacen que quiera huir de este infierno. Me doy la vuelta para retroceder hasta un lugar seguro, pero justo al girarme un jinete de Rodés estrella su maza contra mi hombro derecho antes de que pueda esquivar el golpe.

Caigo al suelo retorciéndome de dolor. Estoy empapado en sangre. No tengo fuerza para sostener mi espada con el brazo derecho.


Aún en el suelo un gran resplandor me sorprende y al poco se oye un estruendo. Noto caer sobre mi piel gotitas. Comienza a llover con fuerza. Ahora huele a tierra mojada y el suelo empieza a embarrarse, resbala.

Me levanto con cuidado para no volver a caer. Agarro la espada con la mano izquierda y alzo la vista. Multitud de heridos y cadáveres se hallan a mi alrededor.

Oigo un alarido, miro en la dirección en que me ha llegado el sonido y visualizo a un corpulento guerrero corriendo hacia mi con la intención de atacarme. Me preparo como puedo para recibir su ataque. Lo detengo, y manteniendo espada con espada nos miramos fijamente a los ojos. Tiene la cara desencajada y la expresión de sus ojos me grita su ansia por derramar mi sangre.

Mantenemos una igualada lucha, aunque me cuesta estar a su altura. Creo que puedo evitar morir en sus manos si me las ingenio para hacerlo caer.

Pero de repente siento algo atravesando mi pierna. Es una flecha. Pierdo el equilibrio, con él mi esperanza de sobrevivir, y caigo.

No consigo levantarme, ya que antes de poder hacerlo mi cruel oponente hunde su espada en mí. Su intención era atravesarme el corazón, pero me muevo y me atraviesa el hombro su lugar. Demasiado dolor. Me cuesta respirar. Noto mi sangre fluir a través de mi herida. Pero antes de desfallecer he de matarlo. Y reuniendo mis últimas fuerzas agarro mi espada y le atravieso el abdomen. Sus vísceras caen sobre mí y su sangre se derrama sobre gran parte de mi cuerpo. Lo veo dar unos pasos tambaleándose y cae sobre el barro a pocos metros de mí.

Mi vista se va nublando y cierro los ojos, todo es oscuridad. La lluvia cae sobre mi piel. Pierdo la consciencia y ya no escucho nada, hay un silencio sepulcral. Me sumo en un estado de inmensa tranquilidad que me sorprende.

Oigo una bella canción que suena en la voz de una dama. Voy despertando sin saber cuanto tiempo ha pasado desde que perdí el conocimiento. Tampoco se donde estoy. Huele a humedad y la superficie sobre la que estoy tumbado es fría y dura. Abro los ojos. El lugar esta en penumbras. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy en un calabozo. Mis heridas están vendadas pero siguen doliendo bastante.

Me incorporo con dificultad y veo a una bella dama sentada junto a mi celda absorta en la canción que está cantando.Se percata de que la observo, me mira y siento un extraño cosquilleo en mi estómago al cruzarse nuestras miradas. ¿Quién será esta joven? Se levanta y comienza a caminar para marcharse.


-¡Espere! ¡No se vaya! Quédese y siga cantando por favor.

-No puedo, he de irme. Le prometo que volveré mañana.

-De acuerdo, pero dígame su nombre, se lo ruego.

-Mi nombre es Ilana.








Y antes de que me diera cuenta había desaparecido doblando la esquina del oscuro corredor que se extendía frente a mí.Ilana volvió al día siguiente tal como me había prometido. Nos pasamos la tarde hablando. Me contó como me curó mis graves heridas y como cada día de los dos meses que estuve inconsciente venia a verme y cantaba para mi. Así día tras día Ilana venia a visitarme y poco a poco, conforme nos íbamos conociendo yo fui enamorándome de ella.

Han pasado ya seis meses desde que desperté. Me cuesta estar encerrado entre estas cuatro paredes, yo que siempre estuve en contacto con la naturaleza, que siempre tuve libertad para pasear al aire libre… Encerrado sin compañía, tan solo escuchando mis pensamientos, sumido en esta oscuridad que me asfixia… Creo que no lo soportaría si no fuera por Ilana, estaría sumido en una gran tristeza.

No se si ella siente por mi lo mismo que yo por ella, ya que las veces que le he abierto mi corazón y confesado mis sentimientos hacia ella se ha limitado a estar callada mientras se sonrojaba.

El sonido de pasos por el corredor que da a mi celda me saca de mis pensamientos y recuerdos, ¿quién viene por aquí a estas horas de la madrugada? ¡Es Ilana!


-¿Qué haces aquí a estas horas?

-He de sacarte de aquí, han adelantado los juicios de los prisioneros de la batalla para mañana a primera hora y he oído decir a mi padre que todos seréis condenados a muerte.

-¿Por qué haces esto por mi? ¿No te estas arriesgando demasiado?

-Eso no importa, ahora lo importante es salir de aquí. ¡Vamos! Lo hago además de porque me siento culpable de que estés aquí encerrado, porque la batalla fue por mi culpa. Porque estoy enamorada de ti. Por eso curé tus heridas, por eso te cuidaba y por eso vengo a verte cada día desde que llegaste aquí.

-Ilana… ¿por qué no me lo dijiste antes?

-No lo se… quizás por inseguridad, nunca antes he estado enamorada y no estaba segura de que lo estuviera de ti, pero ahora se que si.





Continuamos hablando mientras me guiaba por una serie de túneles subterráneos que según ella llevaban al corazón del bosque. Llegamos a lo que parece una puerta.





-Pero… Ilana, ¿Cómo vamos a salir? ¡Esta cerrada!

-Tranquilo, la llave está escondida en el hueco de esta piedra. ¿Ves? Solo mi familia conoce estos túneles y el escondite de la llave, así que dudo que si algún guardia no te ve en tu celda nos siga por aquí, lo más probable es que avisaran al jefe de la guardia del castillo y mientras se organizan para buscarnos nosotros ya estaremos lejos de aquí.





Abre la puerta y salimos a un frondoso bosque.Mis ojos tardan unos segundos en acostumbrarse a la claridad de la luz de la luna llena. Los grillos y los búhos crean una dulce melodía que a veces es interrumpida por el aullido de un lobo.





-Vamos, mi caballo está a unos metros de aquí. Lo dejé atado allí esta tarde cuando salí a pasear para poder huir ahora. Para que no sospechase nadie dije que desmonté y que se espantó por algo mientras yo estaba cogiendo algunas flores.





La sigo y llegamos junto al caballo. No puedo contenerme, me muero por besarla. La atraigo hacia mi, la rodeo con mis brazos y la beso. Ella me corresponde.









Y justo en ese momento, noto un escozor en mi abdomen y de seguido un gran calor que desciende hacia mis piernas. Abro los ojos desconcertado, veo la misma expresión en los ojos de Ilana. Separamos nuestros labios. Miro hacia abajo y solo veo sangre. Hay un destello metálico. Alzo la mirada y veo al marqués de Rodés alzar su espada cubierta de nuestra sangre. Me mira desafiantemente y con tal odio en sus ojos que jamás imaginé que una persona pudiera albergar tanto en su interior.

Duele demasiado. Me olvido de todo y me centro en Ilana. Está tumbada en el suelo, con las manos sobre su herida, las tiene empapadas en sangre. Su cara se contrae en una mueca de dolor que me estremece. No soporto verla así.


-Ilana…amor mío…gracias por hacerme conocer el amor y por hacerme el hombre más feliz del mundo aunque haya sido por tan poco tiempo. No debiste arriesgar tu vida por mi. Te amo.

-Si no lo hubiera hecho…me habría arrepentido toda mi vida…recuerda que yo también te amo –me dice en susurros y haciendo un esfuerzo sobrehumano por decírmelo antes de morir.


Me acaricia la cara con ternura, dejándome la mejilla manchada con su sangre y su mano se desploma antes de que vuelva a ponerla sobre su herida. Le cierro los ojos y le doy el último beso. Me echo junto a ella y así voy cerrando los ojos. Voy desfalleciendo y muero. Muero junto a mi único amor, la que como bien había previsto me llevó a la muerte, aunque no de la manera que yo esperaba.



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